V RUTA DE LA BERREA (Sierra de Segura, Jaén)

Una vez más nos reunimos. El punto de encuentro era Aldea La Platera, en las casas rurales el Mesoncillo, tras las prisas habituales antes de la partida, el adelantar trabajo y preparativos para intentar estar temprano en La Platera, llegamos a eso de las 21:00 pensando que seriamos los últimos, pero no, no fuimos los últimos. Al llegar encontramos al amigo Juan atento a los vehículos que circulaban por las inmediaciones por si alguno le "pertenecía" y tras los saludos y abrazos (besos en la próxima) de rigor nos presentó a los compañeros que allí ya se encontraban, Rubén, Marta, Eduardo y Regina y juntos fuimos recibiendo al resto mientras llegaban.

Eran caras nuevas las que íbamos viendo llegar pero con esa sonrisa de complicidad por compartir la misma afición que al instante parecíamos conocernos de tiempo atrás. Hasta que llegó personal conocido y la cara amiga de PacoGüan se dejó ver junto a TerremotoGuille4x4 y Mariola. Al conocernos de atrás la sensación fue mucho mayor y pronto empezaron a "rular" los quintos para después de terminadas todas las presentaciones echar sobre la mesa algo que masticar y cenar todos juntos.

La noche se fue llevando poco a poco a casi todos a descansar, mientras que Juan, Gaspar, Cardhú y yo mismo intentábamos ahuyentarla mientras nos consumíamos. Primero cayó Cardhú y al poco, casi tocando el alba los demás, y no por haber agotado temas de conversación ni falta de ganas, sino porque la mañana estaba llegando y había que descansar algo antes de partir a recorrer "nuestra sierra".

No pasó mucho tiempo antes de volvernos a ver, algunos más radiantes que otros, pero todos con las mismas ganas. Se repartieron los libros de ruta y las instrucciones pertinentes y partimos en grupos hacia el primer Wp para iniciar la ruta de Sábado. El Primer grupo formado por Rubén a la cabeza seguido de Eduardo y José Ramón salió a la caza del resto de Wp, seguidos pronto de cerca por Paco y Fran conmigo a la cabeza y un tercer grupo formado éste por Juan, Gaspar y Jesús.

La mañana se desarrolló sin incidentes, nos "amontonábamos" un poco pero nada que no se pudiese solucionar con admirar las imágenes que la sierra nos mostraba, y así recorrimos las zonas del nacimiento del río Segura, el Corral de Pinturas, a la sombra del Pinar del Risco, Hoya del Ortigal y poco a poco ir adentrándonos en los Campos de Hernán Perea, recorriéndolos por su parte occidental hasta bordear el Alto de Campos, 1731 m., e ir a detenernos para almorzar a las puertas del parque de Cazorla. Tras la comida, volvimos sobre nuestros pasos para desviarnos algo más tarde y pasar por debajo de Morro de Cagasebo, cruzando de nuevo los Campos de Hernán Perea, ésta vez por el Barranco del Borbotón y su Fuente que nos acercarían hasta el majestuoso e imponente pino centenario Galapán, junto al cual descansamos un poco aprovechando para inmortalizar el momento con nuestras cámaras.

Iniciamos de nuevo la marcha en dirección hacia Don Domingo, por entre Calar de las Palomas y Hoya del Maguil en busca del triste asfalto que encontraríamos después de bordear el Cerro de la Cabañica, a la altura de Cerro Quemado. Una vez en él nos dirigimos hacia Pontones para de allí regresar a La Platera, donde nos esperaba la cena con las "viandas" tipicas de la zona con las que nuestro amigo Juan nos alimentaría aquella noche que todavía nos deparaba una sorpresa.
Continuará...

NOCHE DE SCOUTS EN EL CORAZÓN DE LA SIERRA
Todavía de vuelta, pasado Hornos y con la proa de nuestros T.T. Enfilada hacia la aldea de La Platera, con la silueta del Tranco dibujándose a estribor nuestro, nuestro grupo, el último en ésta ocasión por culpa de un "bifiter" tardío, casi daba alcance al resto de la expedición al haber hecho el trayecto "tocando" un poquito cuando me percaté de que no me seguían mis compañeros de viaje, Paco y Fran, y decidí parar y colocar de nuevo la antena de la emisora para llamarles, había quitado ésta por respeto a la tormenta eléctrica que nos había amenazado hacía poco, en ese momento apareció Paco, comentándome que desde el cruce que desde la C-321, antes de Hornos, sale hacia El Campillo y la Sierra del Agua entre otros, no lo había
vuelto a ver. Instalamos la emisora y comenzamos a llamar sin obtener respuesta. Continuamos insistiendo dando por sentado que se habría extraviado y justo cuando ya habíamos comentado el volver en su búsqueda sonó la voz de Maru a través de ondas entrecortadas, indicándonos que habían aprovechado para acercarse hasta Cortijos Nuevos a llenarle el zurrón a su Vitara. De éste modo alegres por ellos y entristecidos por nosotros que ya nos habíamos hecho la ilusión de volvernos a adentrar en la sierra, continuamos nuestro suave descenso hasta La Platera.

Al llegar, lo primero que me llamó la atención fue el ver un Jeep que inmediatamente identifiqué. Eso, dada mi sagacidad, era indicio de la presencia de nuestro buen amigo José Valverde en la zona. Efectivamente, así era. El , demostrando igual sagacidad a la mía también había deducido a su llegada mi presencia, al encontrar apoyado en la mesa, entristecido y cabizbajo a otro de nuestros fieles compañeros de correrías, Cardhú. Tras los primeros momentos de alegría y efusión, Juan, con el inestimable apoyo de Fran a los mandos de la barbacoa, fueron llenando las mesas de esos manjares serreños sin colesterol que tanto nos gustan, eso sí, primero hicimos un cursillo intensivo de historia egipcia a cargo de José, recién venido de aquellos lares.

El resto de la noche continuó tan amena como siempre, despejando de residuos alimenticios la abarrotada mesa. He de decir que no todo van a ser alabanzas hacia "éste nuestro club", ya que como crítica especial hay que mencionar que tras la cena no hubo vino con dulces, ni postre, ni café con pastas, y sobre todo y esto es personal, alguien se dedicó a servir güisqui sin que se le ocurriese ponerme uno a mí.

El amanecer de domingo vino antes de lo esperado para mí y una vez satisfechas mis necesidades y espabilado de sobra, decidí darme una "vueltecita" en solitario por las inmediaciones de la zona, así que me acerqué al interior del embalse del Tranco y digo interior porque su orilla quedó muy a tras debido a la carencia de lluvias que tenemos. Mi intención no era otra sino la de ver o por lo menos oír berrear algún bicho pero de los pocos que me tropecé solo berreó uno que circulaba en sentido contrario al mío con un viejo patrol que arrastraba un pesado remolque y se sobresaltó de mala manera al verme venir de improviso y un poco ladeao al sentido de la marcha. Fué sin mala intención, tan solo intentaba descargar la presión del turbo, acumulada el día antes y que la válvula waste gate no había sido capaz de expulsar.

Aproveché la salida para, igual que Fran la tarde antes, rellenar el medio depósito que el Mitsu se había bebido y a continuación me dirigí hacia El Mesoncillo, donde dada la hora ya habían signos de vida. Reunión de salida en pit line, y pistoletazo de salida. Esta vez con un vehículo más en la expedición. Siguiendo instrucciones de la organización encabezo nuestro grupo y salimos en primer lugar para "despejar pista". El itinerario, bastante más bonito y ameno que el de sábado, quizá porque había más "verde", quizá porque había más "gas", discurrió por las inmediaciones de La Capellanía, la Garganta de Hornos, coronando La Cumbre por la C-321 para abandonarla a gran velocidad, al menos nosotros, a la altura de La Fuente del Chorro. Desde allí descendimos en busca de la Venta del Pescador para posteriormente volver a ascender por el monte Río Madera hasta El Campillo, desde donde nos dirigimos a encumbrar El Yelmo a 1.808 m de altitud.

El paisaje que desde allí arriba se divisaba era tan impresionante que nos pusimos a almorzar para digerirlo con algo y dar tiempo mientras a que fuesen llegando los demás.

Se tiraron en parapente los que se tenían que tirar, volvieron a subir al Yelmo, no se si andando, y entonces comenzaron a llegar el resto de compañeros a excepción de José, que como llevaba al mejor copiloto que existe "pa la sierra", por encima incluso de ese tal Moya, les sacó bastante ventaja también.

Una vez reunidos todos y con las retinas impregnadas con la visión que desde allí se nos ofrecía comenzamos el descenso hacia el que era el punto final de la excursión, la falda del Yelmo en dirección hacia El Ojuelo, desde donde, por cumplir, nos fuimos a comer pasado Cortijos Nuevos en Morciguillinas.

Grata comida con las especialidades típicas que algunos ya habíamos degustado con anterioridad, besos, abrazos, intercambio de teléfonos, bueno de los números, y hala, "cada mochuelo a su olivo" como se suele decir.
Espero que nos veamos en próximas ediciones e incluso antes si hace falta y no quiero terminar sin antes expresar que como dice un amigo mío:

LO BONITO ES CONOCER GENTE.



Miguel Portugués.
2005


























































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