TRAVESÍA SOLIDARIA JEEP CLUB.

Reiterando lo hecho en 2001 el JeepClub de Argentina organizó la travesía solidaria a la Escuela Albergue Ceferino Namuncurá de Pampa de Achala, Provincia de Córdoba, que se llevó a cabo el 25 de mayo de 2002 con todo éxito.

El siguiente es el relato de nuestra experiencia personal en esa travesía (de mi esposa María Elena y mía).
Para nosotros nada podría haber salido mejor de lo que salió. Nuestro Jeep (un IKA de 1968) es fantástico. Días antes de la partida ingresó al taller para incorporar la doble tracción ya que hasta ahora tenía sólo tracción trasera.
Trabajando contra reloj se cambió la caja de velocidades y el puente, se agregó la caja de transferencia, el eje delantero con su cardan, y hubo que rotar mangas y palieres del eje trasero, ya que la bocha del diferencial estaba hacia el lado del conductor y la caja transfer al otro lado. Salió del taller el 23 de Mayo para iniciar el viaje el 24 a primera hora de la mañana. El, como si nada, lo más pancho por la ruta. Solo tuvimos dos inconvenientes menores (más adelante les cuento).

El viaje de ida fué muy lindo. Bastante viento (que produjo un incremento en el consumo de combustible) pero lo disfrutamos mucho ya que es al inicio del viaje cuando uno se va desconectando de todo lo rutinario y mirando el campito y el verde. A un promedio de 80 Km/h el viejo Continental 4 cilindros en línea sonaba parejo y confiable.

Ya en ruta de Río IV a Córdoba RN 36, pasando la entrada de Coronel Baigorria, intentamos parar a cargar nafta en una estación de servicio, pero parece que al Jeep no le gustó el lugar, porque siguió de largo, pedal de freno en fondo. A bajar cambios, maniobrar con cuidado, dar vuelta y preguntar en la estación de servicio: a) por casualidad tienen una viruleadora?; b) un mecánico por aquí? Por suerte, a 9 Km en Alcira Gigena estaba don Felipe Valdani (o Baldani) trabajando en su taller y en cuanto llegamos se puso a trabajar con el cañito de frenos de la rueda derecha trasera que se había "descogotado" producto de varias quitas y puestas del eje trasero. En un ratito, buena charla mediante, todo quedó listo y el circuito bien purgado. A seguir. (Don Valdani tiene una Rastrojero de las viejas, con motor Borgward, y cuenta que tiene andados 2.000.000 de Km y le reparó el motor con 1.500.000 Km. Dice que todos los Km los anduvo a "su velocidad", hasta 80 Km/h. ¿Que tal?).
Desde Embalse de Río III el camino es imperdible: lagos, sierras, curvas, cuestas y bajadas. Es lindísimo y para manejar es de lo más entretenido. Si el conductor tenía algo de sueño hasta ahí, chau sueño. Fuimos pasando cada pocos Km por un pueblo o ciudad, todos lugares turísticos muy limpios y muy lindos (Villa Rumipal, Santa Rosa de Calamuchita y muchos más que no recuerdo ahora).
A las 19,30 hs. (12 horas contadas desde nuestra partida) arribamos a Villa General Belgrano (lugar lindísimo) y al hotel Edelweiss, un hotel muy lindo y donde nos atendieron muy bien. Después del baño de rigor bajamos a ver cuándo llegaba la gente del Jeep Club con la caravana que venía de Buenos Aires, y si nos juntaríamos a cenar. Llegaron después de las 22,00 y pude conocer personalmente a Carolina y Fabio con quienes habíamos mantenido un fluido intercambio vía email; a Enrique (el motor del JeepClub) y a Luciana, quienes pese al cansancio del viaje, la necesidad de descargar los vehículos y acomodarse en las habitaciones, nos dispensaron un rato de atención y charla. Después, como ellos tenían que bañarse y acomodar sus cosas, mi navegante y yo pusimos proa al restaurante del hotel, donde había cena show con menú árabe y danza de odaliscas (SI SEÑORES, ESO HABIA). Pese a la época del año, en Villa General Belgrano, a cielo límpido, no hacía frío y estas Srtas. Odaliscas estaban "vestidas de verano". Bailaban entre las mesas, y nos sacaron a bailar a todos los comensales (hombres) uno por uno. Obviamente a mi navegante no le causó mucha gracia, pero con estoica sonrisa no hizo demasiados comentarios al respecto. Las odaliscas eran muy lindas y bailaban muy bien; la comida excelente y abundante (un plato frío y dos platos calientes, postre árabe y café).
Al otro día, 6,30 de la mañana arriba. A desayunar y partir hacia la escuelita albergue "Ceferino Namuncurá" en "Los Cerros", Pampa de Achala. En la puerta del hotel también tuve la oportunidad de conocer personalmente a otro amigo (éste de la lista de correo de Jeep Ika); Gustavo Miranda, que había llegado desde La Falda (donde reside) hasta Villa Gral. Belgrano a presentar su travesía de La Falda (la que está organizando a todo vapor para el 12 de octubre). Cuando terminó con su ocupación vino al lado del Jeep a charlar un rato hasta la partida.
La caravana era muy larga y había vehículos de la marca Jeep y de otras marcas también. Salimos 2 IKA, mezclados con las otras marcas. El otro IKA era el de Jorge Gleria, un cordobés bastante fanático de IKA (me pareció) y que lo tiene bien original y muy lindo (lástima que las fotos que le saqué al amarillito no salieron porque ese rollo estaba mal enganchado en la máquina).
El ritmo hacia la escuela fué bastante rápido (ibamos a llegar tarde) y con niebla densa en la primera parte, lo que lo hizo complicadito para mi, ya que mi limpiaparabrisas los feriados y domingos descansa.
La parte brava fué la trepada a la Quebrada del Condorito, bastantes Km. en segunda, con todos los fierros modernos escapándose a fondo adelante. Pero llegamos arriba y la caravana que había parado a descansar un poco partió con nosotros pisándole los talones. Ya fuera de ruta el IKA era imparable, siguiendo el ritmo de todos los de adelante. Incluso un par de veces paramos un rato, se fueron lejos y en un ratito a marcha alegre los alcanzamos. Ese camino es digno de hacerse con los 4X4. Tiene de todo: varios vadeos, un par de trepadas interesantes, y está todo roto, pero bien roto. Piedras, zanjas por donde el agua cruza la huella bajando del cerro cuando llueve, etc. hacen que uno se sacuda más que en avión dentro de tormenta aproximadamente 2 horas.
Los paisajes durante todo el camino son fantásticos. Los cerros, el lago de Embalse que se ve a lo lejos, los arroyos cruzando el camino, los animales pastando. Y lo mejor de todo, el trabajo del manejo "off road". El camino es todo curvas, subidas, bajadas, grietas, piedras grandes..... Entretenidísimo.
Allá a lo lejos se advierte la caravana.
Llegada a la escuelita, a las 13 hs. Acto del 25 de mayo, 81 alumnos (viven en la escuela) formados en el patio esperándonos para empezar. Discursos, los actos de los chicos vestidos de época y bailes folklóricos, y a comer. Nos prepararon locro y empanadas. Todo bárbaro y aunque fuimos una horda (no tengo idea cuantos pero después les cuento cuando vea la información que seguramente pondrá la gente de Jeep Club) alcanzó para que yo me comiera 3 platos de locro y me ofrecían más.
En la mesa nos hicimos amigos con Fabián Cevallos, un cordobés con historia que iba en un Jeep BJC (era esa la marca?) chino. Un precioso ejemplar, prolijito, con una capota muy muy bien pensada y armada, y trabajaba muy bien la suspensión (en el camino iba adelante mío). Charlamos de todo un poco y me contó que está haciendo salidas a los cerros a "meditar". Son excursiones turísticas en las que lleva a gente que se quiere desenganchar un poco de la locura diaria, y él aprendió en Machu Picchu con un Chamán las técnicas de relajación y meditación en la naturaleza, que pone en práctica en los paisajes cordobeses. Yo por ahora no lo preciso porque tengo el Jeep para desengancharme.
Después de almuerzo a cada piloto un chico de la escuela le entregó (en solemne ceremonia, uno por uno) una calco que prepararon los chicos para pegar en las chatas, con cartulina y contact transparente. Se trata de un corazón en colores celeste y blanco. En el centro tiene un rectángulo con la imagen de la escuelita y la leyenda "Argentina, te queremos. 25 de Mayo 1810 - 2002". Pero lo más lindo es que el chico que nos la entregaba iba con nosotros hasta el vehículo y nos ayudaba a pegarla mientras charlábamos. A mi Jeep le hizo los honores Dante (creo que no me equivoco pero soy medio bestia para memorizar nombres). La carita de alegría de este muchacho llena la foto.

Anécdotas de chicos: Después del almuerzo iba yo al Jeep a bajar las cosas que llevábamos para la escuela, después de almorzar, en el camino me encuentro a un chico (tendría unos 6 o 7 años) con una bolsita de caramelos, que me llama: -Señor. Y cuando le contesto me ofrece un caramelo. Me pregunta cual es mi camioneta y le contesto: -es un jeep viejito, el más viejo de todos. -¿Y dónde está?. -Allá arriba. Y me acompaña. No saben la cara que puso ese chico cuando lo senté en la butaca del navegante y lo llevé hasta el patio de la escuela a descargar las cosas!. Estaba chocho. Y creo que esta vez faltó eso, subir a los chicos a las chatas y sacarlos a pasear un poco. Solo las vieron y ni siquiera se animaban a pedir que los dejaran subir. Bueno, yo creo que uno de ellos al menos esa noche habrá tenido sus dificultades para dormir con la emoción de haber andado en el Jeep.
La segunda anécdota es la de Daniela, una chiquita preciosa, hija de una maestra de la escuela, que cuando mi esposa dijo que nos íbamos, la abrazó y empezó a preguntar porque tan pronto? y a pedir que nos quedáramos. Nos quedamos charlando un rato con Dani, simpátiquísima y cariñosa como pocos chicos. Muy triste por la partida, y me imagino lo que será para ellos, allá perdidos en medio de los cerros, ver partir a toda esa gente que llegó y compartió un rato con ellos, y ahora se va y nos quedamos de nuevo aquí en nuestro silencio, solos.....

Bueno, resumo, la vuelta fué tipo rally, contra reloj y el Jeep se portó. Le pegué fuerte a varias piedras, salía derrapando en las curvas, pero llegué a la ruta en el primer pelotón (habían en total como 50 vehículos) pegado a la cola de los de adelante que iban fuerte.   
Bajamos a marcha alegre la cuesta del Condorito y pasamos por Alta Gracia (un camino que para hacer de noche da escalofríos por las curvas cerradísimas y muchas en cuesta y bajada). Repostamos combustible en Alta Gracia y cuando pensábamos que ya estábamos, vemos un cartel: Villa Gral Belgrano: 46. Y todo por camino sinuoso del bravo. Bueno, a fondo para allá, pasamos por el Dique Los Molinos y varios pueblitos. Llegamos tapados de tierra y bien batidos (al llegar, desde la puerta del hotel le pedí al Conserje: -¡Agua y jabón urgente!, y él muerto de risa pero con cara de asombrado preguntó: -¡pero qué les pasó?. Hubo que explicarle que nuestro Jeep iba con capota de lona y sin puertas, porque todos los demás llegaron hechos una pinturita).
Arribamos de vuelta con la satisfacción de no haber tenido un solo problema con el Jeep en una jornada bastante dura (teniendo en cuenta la cantidad de años que tiene encima). Fué increíble, pero lo único que me pasó es que perdí el aro del faro izquierdo (el segundo problema técnico de que hablaba al comienzo).
El poco tiempo disponible para estar juntos, no nos permitió disfrutar todo lo que nos hubiera gustado charlando con los demás integrantes del grupo. Pero el tiempo que compartimos no fué tiempo perdido, la pasamos muy bien. Además, eramos muchos y los pobres anfitriones (Enrique, Carolina, Fabio, Luciana y compañía) tenían que dividir demasiado su atención entre todos (creo que fuimos cerca de 200 personas en total) y no fué poca la atención que a nosotros nos dispensaron. La próxima seguramente charlaremos más.
Para no extenderme más (ya los cansé) les cuento que de vuelta en Villa Gral Belgrano nos bañamos, nos fuimos a comer chivito a la parrilla, dormimos y a las 10 de la mañana del domingo partimos de vuelta. No pudimos quedarnos a compartir el día en el campo de Nelson, porque nos esperaban 12 horas de viaje a nuestra marcha de los años 60. Un viaje tranqui, parando a comprar cosas para los chicos. Y lo pasamos muy bien. Todo muy bien.

Alfredo A. Córdoba.






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