DE VIAJE POR EL ATLAS (PREPARANDO EL VIAJE DE AGOSTO)
En este viaje hemos recorrido más de 4.000 kms por pistas pero eso carece de importancia, era el día a día, el pensar por la tarde donde íbamos a dormir esa noche y cosas así lo que contaba. La mayoría de las veces hemos dormido al borde de los caminos, hemos encontrado lugares muy bonitos para dormir. Una vez dormimos a 3.000 m. de altura, a la que subimos bastante rápidos en una tarde por lo que Hanna notó más que yo la altura y le dio dolor de cabeza. Fue gracioso porque en medio de esas montañas solitarias y silenciosas nos encontramos con unos españoles que iban en bici y acampamos juntos en un corral que había allí y que nos quitaba mucho viento aunque no olía demasiado bien. Hizo bastante frío pero la noche que más frío hizo fue por la zona de Azrou en la que dormimos en el primero de los dos camping en los que hemos acampado. El frío fue terrible y menos mal que sólo fue esa noche. Sin embargo, fue el lugar donde tuvimos agua caliente nada más abrir el grifo y toda la que quisiéramos, mejor que en un buen hotel. Un par de veces hemos dormido en casa de gente, una de ellas porque el camino estaba bloqueado por el agua y al dar la vuelta y regresar, vimos a unos a los que habíamos preguntado el camino y nos invitaron a ir a su casa que estaba ahí mismo y como ya era tarde para estar buscando, pues aceptamos. La gente pobre es la más hospitalaria y lo pasamos muy bien, antes de la cena vinieron unas primas y estuvimos cantando, era muy gracioso verlas a ellas sentadas con los pies extendidos pero moviéndose como a saltos y llevando el compás con el cuerpo dando palmadas. La otra noche fue especial. Llegamos al pueblo de Angfou y queríamos coger la pista pero están haciendo una carretera y todos nos indicaban la carretera y por allí nos fuimos pensando que el antiguo camino se había convertido, como muchos otros, en carretera pero nos dimos cuenta de que no y al cabo de unos cuantos kms, encontramos donde el camino se unía al asfalto y nos metimos por allí para ir hacia el pueblo nuevamente y ver por donde se iba. Los obreros que había justo en el cruce nos indicaron que no se podía pasar porque el río se había llevado el camino pero nosotros nos metimos igual. En seguida pudimos comprobar que era verdad pero con cuidado y la reductora metida íbamos vadeando el río lleno de piedras. No quedaba mucho, el bosque, bastante espeso, dejaba unos grandes claros, el río parecía estrecho y con poca agua por allí pero donde menos lo parecía, el coche se hundió con el agua por encima del parachoques trasero y justo hasta el borde inferior del delantero. El desatasco parecía imposible, el eje delantero estaba como enterrado en piedras, las ruedas de un lado estaban colgadas y entonces apareció un señor de la nada con un niño, mandó a éste a por un pico y sin importarle lo más mínimo meterse hasta las rodillas o más en el agua, se puso a quitar piedras. No voy a detallar lo que costó sacarlo, el cable del cabestrante se partió y yo pensé que no sacaba el coche en la vida de allí pero justo cuando se hacía de noche, salió el coche. Este señor, que vivía allí con su sobrino, en una pequeña chabola arriba de la montaña, nos invitó a subir, cenar y dormir con él. No tenía nada de nada, ni tan siquiera ropa para cambiarse la mojada, ni una manta para taparse, sólo lo que llevaba y en la casa había una estufa rota, dos latas vacías, una tetera y no había más cosas, bueno, las ovejas que dormían en el cuarto de al lado. Para comer, todos los días tenía leche, pan y agua, nada más. Podéis comprender que medio coche se quedó en esa casa y que en agosto volveremos para llevarle algo más, pero lo importante es que sin tener nada quiso compartir con nosotros, y todo el rato estaba alegre riéndose. Yo quise pagarle su ayuda pero se negó a coger dinero, al final conseguí que aceptara pero costó, era una buena persona y por la noche pensaba que Dios nos había hecho atascarnos para poder ayudarle y aunque lo pasamos muy mal como hacía tiempo que no lo pasaba, y se rompieron unas cuantas cosas del coche, mereció la pena. En otro lugar, también buscando una pista en un pueblo, nos lo recorrimos entero y todo el mundo nos preguntaba a donde queríamos ir pero al decirlo nos indicaban que regresáramos y cogiéramos la carretera. Ya dudábamos de que el camino tuviera continuación cuando prosiguiendo por un río que unos niños nos dijeron que por allí pasaban coches, con el agua no vi una piedra enorme y le di un golpetazo tremendo al coche que le dobló el parachoques delantero, rompió el tubo de escape y encima se paró dentro del río y no arrancaba. En uno de los intentos por ponerlo en marcha, arrancó y lo saqué del agua pero se volvió a parar. Bueno, rezando para que hubiera un mecánico por allí pero los niños, que venían por detrás, dijeron que no lo había y que había que ir a un pueblo grande en la carretera general. Abrí el capó y vi que se salía el gasoil por el filtro porque se había aflojado, así que lo apreté con la mano y dejó de salir y se acabó el problema pudiendo continuar porque efectivamente era por el río. Esto nos llevó media mañana.
En las acampadas por ahí, no hemos tenido ningún problema, cuando alguna vez ha pasado alguien, no nos han molestado lo más mínimo aunque generalmente lo hacíamos en lugares donde no se nos veía pero así y todo, una noche en la que estábamos algo despistados y Hanna ya se había ido a la cama, yo me había quedado junto al fuego mirando el mapa a ver si éste me decía el camino milagrosamente, el caso es que oigo ruidos y veo que a parecen personas dentro del círculo de luz de la hoguera, llevaban palos, me miran, los miro y hacen dan un silbido. Les digo que se pongan junto al fuego porque hacía muchísimo frío y entonces aparece el que debía ser el jefe porque llevaba una escopeta que parecía un cañón. Me preguntó que hacía por allí y le expliqué que creía que ese era el camino para ir hacia un pueblo pero me dijo que no, que ese se acababa y me contó como tenía que hacer para encontrarlo. Me dijo que eran contrabandistas y tras una breve charla, se volvieron a ir. No había luna pero pude distinguir muchas mulas cargadas no sé de qué. Al día siguiente pudimos encontrar el camino que buscábamos perfectamente. Precisamente en este camino vimos monos en los abetos pero estábamos a gran altitud y había ronchones de nieve. En las cascadas de Ouzou, también vimos monos y uno de ellos le robó a Hanna una bolsa que llevaba con unas cosas que había comprado, menos mal que al subirse al árbol se le cayó y lo pude recuperar. Dos noches hizo tanto viento que no pudimos dormir nada porque la tienda, empujada por el viento se tumbaba sobre nosotros dándonos, incluso, algunas veces en la cara y el ruido que producía las telas del improvisado refugio era tan fuerte que no te dejaba dormir. Aunque la tienda no se movía de su sitio, la sensación era que iba a salir volando con nosotros dentro.
A veces, sobre todo cuando circulábamos por debajo de los 2.000 m. hacía un poco de calor pero las sombras a lo largo del viaje han sido maravillosas, se sentía un fresco tremendo, parecía mentira que pudiera haber semejante diferencia de temperatura. Desde luego que han sido de las cosas que más gusto nos han dado y nos hemos echado unas siestecitas maravillosas, de esas cortas pero que te quedas de maravilla. En algunos lugares, a veces la vegetación lo cubría todo, sobre todo palmeras, higueras y olivos y el coche perdía la recepción del gps. Parabas el coche y escuchabas el piar de los pájaros y se sentía una tranquilidad tremenda que te invitaba a quedarte pero el viaje era largo y no podíamos estar todo lo que queríamos. En uno de estos lugares descubrimos uno de los paisajes más bonitos de Marruecos, un lugar llamado Assarrakh, en las montañas por las que el camino iba escalando entre pueblos y palmerales y que a cada metro que ascendías te daban ganas de hacer otra foto. No hemos hecho demasiadas fotos porque a veces había demasiada luz y otras porque la foto no reflejaba la belleza del lugar pero tenemos en la memoria esos bellos lugares de los que hemos disfrutado.
Una gran parte de caminos están siendo asfaltados y para el 2010 lo estarán la práctica totalidad de las principales pistas que cruzan el Atlas, lo que puede significar mayor comodidad, médicos, profesores, etc. para la gente que allí vive. Circulando por una de estas carreteras recién terminada, me preguntaba porque no nos gustaba circular por ellas y sí por pistas que a lo mejor son tan lisas como el asfalto. Nos dimos cuenta que por una pista se circula más despacio, te da tiempo de ver cosas y no estás pendiente de la circulación, a parte de que ésta es mucho menor. Definitivamente, por las pistas se va mejor y se disfruta más, aunque no siempre hemos ido por pistas muy buenas, hemos tenido algunas trialeras inesperadas, subidas tremendas y sobre todo, muchos caminos que estaban cortados por ríos o por la nieve. Cuantos caminos hemos hecho de ida y vuelta, pero cuantos. Una vez fue gracioso porque había que cruzar un pueblo y de referencia, pues destacaba sobre las otras, había una casa blanca en la que nos fijamos pero siguiendo el camino estaba cortado por el río y no hubo manera de pasar por lo que regresamos y al llegar al pueblo no encontrábamos la referencia y nos despistamos un poco por las calles, sin embargo nos llamaba la atención una casa que parecía estar donde la amarilla y es que resulta que el rato que habíamos tardado en ir y volver, la habían pintado de blanco.
Los niños llamaron mucho la atención de Hanna ya que en el Sahara no te persiguen y no lo podía creer. Les dabas un caramelo, lo guardaban y continuaban corriendo pidiendo otras cosas. Hubo dos niñas que se tiraron más de un Km. corriendo detrás del coche, encontraban otros niños y venían todos pero al poco se iban parando menos las dos atletas, al final les dimos unos caramelos. Muchos de ellos cuando no les dabas nada te insultaban pero con unas palabras tremendas para ser niños. Yo como no los entendía, me importaba menos pero Hanna se enfadaba mucho y no sé que es lo que les gritaba en árabe pero me lo imagino. No siempre entendíamos a la gente, en algunos lugares hablaban dialectos del bereber que ni tan siquiera mi copilota no entendía. Pero no siempre era así, cruzamos pequeñas poblaciones en las que los niños no sólo no te perseguían, sino que si parabas salían corriendo en dirección contraria, lo que a veces era un fastidio porque les querías preguntar algo y no se podía. También hemos podido ver gente viviendo no en pueblos sino en cuevas y éstos no pedían caramelos, solo ropa o comida pero no llevábamos un camión y muchas veces sentíamos impotencia por no poder darles ni una lata porque ya las habíamos dado. Asimismo al circular por lugares remotos hemos encontrado muchas poblaciones totalmente abandonadas y no hacía mucho porque las casas estaban en perfecto estado, pero nos preguntamos de que podrían vivir sus antiguos habitantes. Es normal que se vayan hacia poblaciones grandes donde quizá les sea más fácil rehacer su vida y también es normal que en esas condiciones sueñen con ir a Europa donde creen que la vida es fácil.
A lo largo del camino hemos llevado gente muchas veces pero podríamos destacar unos niños a los que llevamos durante 35 kms para ir al colegio y luego tenían que volver esa distancia, así todos los días. Como el coche iba lleno hasta arriba, dentro no cabían pero los llevábamos en las estriberas del coche agarrados a la vaca. Otro día recogimos a un señor, que parecía realmente mayor, que iba andando por una pista y que llevaba casi 100 kms. Lo llevamos durante unos cuantos kms porque ya casi había llegado, iba para ver a su hija y al día siguiente decía que se volvía. Hubo otra ocasión en que en un lugar totalmente solitario en pleno desierto, encontramos a una señora mayor con su hijo mayor que tendría sobre 30 años y el hermano que tenía síndrome de Daown. Todos cargados con unos sacos con botellas de agua. No sabían los kms que llevaban pero habían salido temprano el día anterior y se dirigían a unas haymas de una familia que estaba en medio de la nada. En este caso, el niño con la madre subieron dentro y fue Hanna la que subió a la estribera. Los llevamos bastantes kms así hasta que al ver unos burros que el hijo mayor reconoció como de la familia, nos dijeron que allí se quedaban en la nada más nada que os imaginéis. Nos invitaron a las haymas pero como éstas estaban por el desierto que era un gran pedregal y ni tan siquiera se veían, declinamos la invitación.
La gente por lugares fuera de los circuitos turísticos es, desde luego, mucho más honrada que en otros sitios. Un día que me compliqué la vida para intentar llegar a un camino al que una avalancha de piedras había dejado tapado, arranqué el tubo de escape y, además, lo dejé doblado del revés. Tras conseguir desdoblarlo porque se daba con la rueda, regresamos a un pueblecillo que habíamos pasado hacía unos kms, ya de noche y había un pequeño taller en el que hacían de todo. Bueno, el mecánico se estuvo casi dos horas pero al final lo dejó que parecía bien puesto y todo. Yo pensé que nos cobraría una burrada y que no habíamos negociado el precio pero sólo nos pidió 20 dh, así que le dimos 50 pero nos dijo que eso era mucho y que no debíamos darle tanto. Nos pareció realmente honrado pero nos daba vergüenza decirle que nos devolviera dinero. El caso es que nos ponemos en marcha para buscar un lugar para acampar y al km. de salir del pueblo, se cayó el tubo de escape. Lo sujetamos con cuerdas y nos fuimos a dormir un tanto cabreados pero por la mañana volvimos y nos puso mala cara como si fuera culpa nuestra. El caso es que no nos cobró nada por la nueva reparación que por cierto, duró dos días pero no nos costó demasiado. Pues el tubo de escape nos estuvo dando guerra todo el viaje, lo arreglaron en un montón de lugares y siempre terminaba cayéndose otra vez.
El agua ha sido una de las delicias del viaje, la hemos encontrado por todos sitios y nos hemos refrescado en ríos y arroyos solitarios pero que estaba realmente fría. La verdad es que nos hemos encontrado más agua de la esperada y más de una vez hemos dado la vuelta y buscado otro camino al ver delante un río crecido aunque también hemos tenido que dar la vuelta por estar destrozado el camino a causa del río y ser imposible el paso y desde luego daba mucha rabia. Hemos visto nacimientos de ríos espectaculares con gente muy amable que vivía en sus orillas gracias al turismo, cascadas preciosas y alguna de las acampadas ha sido al lado de un pequeño arroyo de montaña pero entre lo fría que estaba el agua y el frío que hacía fuera, ni de broma nos bañamos pero aprovechábamos para rellenar de agua el depósito de la ducha. Aprovechábamos para ducharnos al medio día que hacía más calorcito porque muchas veces íbamos con jersey todo el día y la calefacción del coche la hemos puesto dos días. La verdad es que calor no hemos pasado demasiado, todo lo contrario.
Una vez que paramos a tomar un te en una casita que era una especie de albergue en las montañas, nos contaron que por allí había una cueva y nos fuimos a verla. Estaba en un lugar rocoso y había que andar un poco pero merecía la pena, y queremos volver porque con las linternas que llevábamos, buenas para ver como haces el arroz o clavas las piquetas, no se veía nada o muy poco de las paredes de la cueva, algunas con grandes estalactitas y estalagmitas. Por lo visto es bastante larga con tres niveles. El arroyo que discurría por el valle, nacía dentro de la cueva y era una pasada estar en la oscuridad, con un fresco muy agradable escuchando el sonido del agua al nacer y precipitarse hacia el valle. Un poco más lejos y ya fuera de la cueva, formaba una pequeña cascada donde anidaban muchas palomas y también pudimos ver al lado de la cueva perdices igualitas a las de España.
Para mi cumpleaños, de regalo tuve dos ruedas destrozadas, menos mal que llevábamos dos de repuesto pero por la zona por donde estábamos no había talleres de nada, así que tuvimos que salir a una carretera y hacer bastantes kms hasta encontrar un lugar que no tenían ruedas pero arreglaron una de ellas poniendo una cámara y trozos de gomas para tapar el agujero que tenía. Pues no os creeréis que al poco rato se rajó otra, así que tuvimos que poner la que habían arreglado y con cuidadito hicimos lo que quedaba de pista y por carretera nos tuvimos que hacer casi 400 kms hasta que llegamos a una población donde pudimos comprar dos ruedas de nuestra media, eso sí, a precio de oro. Luego tuvimos que desandar lo andado pero con la tranquilidad de las ruedas nuevas. Si por un casual pensáis que no pinchamos más, os equivocáis que con una acacia le hicimos como diez pequeños pinchazos a una rueda así, de golpe pero con una cámara lo arreglaron. Por cierto que para mi cumpleaños por la noche tuvimos una cena buenísima de carne a la brasa que me hizo Hanna y que en el medio de unas montañas me supo a gloria.
Ahora ya tenemos ganas de la siguiente salida y es que cuanto más sales, más quieres salir.
Atar Expeditions / Jose Javier Lanzarot (Jota) - Colaborador experto de KWANG 4X4.
Julio 2009.
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