TRAVESÍA MINA EL FIERRO - ARGENTINA

Participantes:
Víctor José (Pepe) Ferreiro  y Horacio (Pelado) Dalaison en Jeep IKA – Maxion 2500 TDI Amarillo;
Fernando Travieso y Alfredo Córdoba en El Trotamundos (Jeep IKA Peugeot D)
 
Hoja de ruta:
Partida el 26 de septiembre de 2003 desde Exaltación de la Cruz (Pcia. de Buenos Aires). Arribo a Iglesia, medianoche del 26 de septiembre.
Iglesia – Refugio Arroyo El Fierro - Iglesia: 27 de septiembre.
Iglesia – Tocota - La Invernada – San Juan: 28 de septiembre.
San Juan -  Bs. As.: 29 de septiembre.
Kms. aproximados recorridos: 3.900  
 
Relato:
Preparado este viaje con mucha antelación, inconvenientes diversos fueron reduciendo el número de posibles integrantes del grupo que lo realizaría. Hasta el día previo a la partida seríamos cuatro vehículos y no menos de ocho personas. Días antes, nos preguntábamos si dejarían ingresar al Parque Nacional San Guillermo a más de diez vehículos.

Pero el entusiasmo fue mayor que la desilusión y decidimos partir. Fernando y yo en el Trotamundos lo haríamos en la madrugada del 26 de septiembre, y Pepe saldría más tarde y pasaría a buscar a Horacio por Río IV para encontrarnos luego en el camino, ya que el Jeep de Pepe tiene una velocidad crucero superior a los 120 km/h. Pretendíamos unir Exaltación de la Cruz (Provincia de Buenos Aires, a unos 25 Km de Pilar) con Iglesia (en el noroeste de la provincia de San Juan) en una sola etapa, 1.500 Km aproximadamente. Diecisiete horas después de la partida, arribaríamos a la Finca Las Bóvedas en Iglesia. Pepe y Horacio nos habían alcanzado en la entrada de la ciudad de San Luis y desde ahí continuamos el viaje juntos.

En Albardón, a unos 12 km. de la ciudad de San Juan y hacia el norte de ésta última comimos unos excelentes y abundantes platos (matambre tiernizado a la pizza para el equipo amarillo, y punta de espalda a la cacerola para el equipo trotamundos, todo regado con cerveza fría). Después de la cena retomamos camino y ya muy cerca de Albardón, inaugurado por el cerro Villicum, se iniciaba el camino sinuoso: 180 km de ruta no delineada, con muchas curvas, subidas, bajadas y badenes, que cubrimos a un muy buen promedio.

Después de dormir muy cansados (como a mi me gusta), nos levantamos a las 7,30 hs y partimos rumbo a Rodeo, a buscar a nuestro guía que nos esperaría en la Intendencia del Parque Nacional San Guillermo según lo convenido con uno de los guardaparques. El guía estaba, efectivamente, esperándonos, pero para darnos la noticia de que era imposible cruzar el Río Blanco para ingresar por San Juan a San Guillermo, porque su caudal estaba en crecida y había superado los 17 m3 por segundo, siendo el límite con el que se permite el vadeo de 15 m3 por segundo para vehículos con toma de aire elevada. Luego de las ineficaces disculpas por no habernos informado en debida forma (pese a que en reiteradas oportunidades solicité expresamente información sobre el nivel del río y nuestra última comunicación telefónica había sido el jueves antes de la partida y ese sábado nos informaban que el río estaba crecido desde hacía 5 días pero recién el viernes se tomaron la molestia de averiguarlo) y habiéndonos sugerido algunas posibles travesías alternativas, partimos a la oficina de la minera Barrick para ver si nos autorizaban el ingreso al Valle del Cura. Si bien el camino es provincial y público, las mineras que explotan el oro se han arrogado unilateralmente derechos de soberanía sobre una vasta zona de una riqueza turística inmensa, que además de maravillosos paisajes y fauna autóctona posee aguas termales naturales surgentes. El camino se encuentra cerrado por barreras custodiadas por compañías de seguridad privadas que no dejan ingresar a quien no lleve un permiso escrito de las mineras.  Nuestro intento fracasó. La oficina no abría el sábado y en San Juan era imposible conseguir ese día un permiso. Decidimos entonces, otra alternativa. Subir primero hacia el oeste y luego hacia el norte por el camino de la abandonada mina El Fierro. Este camino corre paralelo a los llanos de San Guillermo, por el oeste de éstos últimos.

Desde Rodeo hasta Malimán, pasando por Angualasto (donde Gendarmería no solo nos tomó los datos personales habiendo pedido documentos de todos nosotros y de los vehículos, sino que también nos sometió a un minucioso interrogatorio que incluyó estado civil, ocupación, profesión, motivo del viaje, procedencia, nacionalidad, cuánto tiempo estaríamos arriba, etc.) iríamos por ruta de ripio en buen estado de mantenimiento, y a excepción de la rotura de un soporte de bidón de combustible (bidón que gracias a Horacio y Pepe recuperamos y con todo su contenido) no tuvimos inconvenientes. Desde Malimán el camino se bifurca: hacia la derecha, siguiendo hacia el norte, está Chinguillos y el Rio Blanco, el camino natural hacia San Guillermo; a la izquierda, hacia el oeste, el camino a la Mina El Fierro. A poco de andar este camino se introduce en el cauce seco por donde en las escasísimas ocasiones en que llueve en la Cordillera, bajan las aguas con una fuerza y un caudal inmensos debido a la gran pendiente. Este cauce es de ripio suelto y arena, y el avance se hizo más difícil: tercera; segunda con sobremarcha, segunda y hasta en alguna ocasión, primera con sobremarcha. Aproximadamente una hora después, pasando los primeros cerros (habíamos trepado hacia una quebrada), nos encontramos con un paisaje lindísimo, cerros de distintos colores, llanos al pie de los cerros y un cielo muy limpio.  El viento era muy fuerte, desde el oeste. Dificultaba la marcha y en ocasiones alguna ráfaga nos sacudía feo el Jeep.

Torcimos hacia la derecha, al norte nuevamente, siguiendo el camino que se había tornado más compacto pero seguíamos subiendo y con viento. A nuestra derecha aparecieron de pronto unos grandes llanos. A la izquierda y muy cerca, la Cordillera de Los Andes en technicolor: cerros verdes, rojos, blancos, amarillos. Hielo y nieve empezaron a aparecer a manchas cada vez más grandes a medida que subíamos. Paramos a atar el caño de escape, cuyo soporte se había arrancado con los saltos, comimos una manzana, tomamos agua y continuamos camino.

Cerca de las cinco de la tarde del sábado, el camino se terminaba. Un guard rail con un cartel de Prohibido el paso, Propiedad Privada, en una orilla del Arroyo El Fierro decían que no continuaríamos hacia el norte por ahí. Intentar bajar al Rio La Palca por el arroyo a esa hora, sabiendo que luego habría que buscar algún punto desconocido por el que tal vez fuera posible cruzarlo y luego tratar de llegar sin camino conocido hasta el refugio de Agua del Godo para hacer noche ahí, hubiera sido de ilusos. En cambio hacia el oeste, directamente subiendo la falda de la cordillera, había una pequeña huella minera. Nos habían dicho que esa huella unía el camino de la mina El Fierro con el custodiado camino del Valle del Cura, y que si llegábamos a éste último, el personal de seguridad nos dejaría salir por el camino principal. Rumbeamos, pues, hacia el oeste.

Y ahí la cosa se puso entretenida. La huella subía por un tramo pegada a un cerro y por su derecha. A pocos metros de haberla recorrido había un derrumbe y el fondo de la quebrada estaba más de un metro debajo del nivel de la huella. Había que intentar pasar sobre ese derrumbe o bajar. Intentamos lo primero, con éxito aunque no al primer intento. Hubo que maniobrar y Horacio y Fernando que estaban abajo dándome las indicaciones me dijeron después que poco había faltado para el vuelco. Pepe pasó más fácil (él tiene en su bitácora muchísimas horas de montaña y su Jeep está más que preparado por su dueño para estas lides).

Más adelante empezamos a cruzar una y otra vez el arroyo, apareció una tropilla de guanacos muy cerca del Jeep, la huella se cortó nuevamente y hubo que bajar para cruzar un extraño barro muy duro con muchos agujeros y montículos, muy irregular. El Jeep se zarandeaba de tal forma que nosotros nos sacudíamos dentro y nuestras cabezas iban y venían atrás, adelante y a ambos lados. Empalmamos nuevamente la huella, esta vez por la derecha de la quebrada, y cruzamos una pequeña franja de hielo sin problemas. Continuamos subiendo y vadeando el arroyo hasta que a 4.100 metros sobre el nivel del mar apareció una placa de hielo bastante más grande y profunda. Para seguir había que cruzarla. La mayor dificultad era la pendiente de la subida. Las ruedas escarbaban y los Jeep no avanzaban. Intentamos una y otra vez, el Trotamundos primero, Pepe con su Jeep después. Ya cerca de las 18 hs., con un viento helado y sin saber dónde podríamos hacer noche sin congelarnos, decidimos atar el malacate del Jeep de Pepe a una roca al otro lado del hielo. Atamos una linga y el extremo de ésta al gancho del cable de acero del malacate, y un poco traccionando y otro poco con ayuda del malacate, Pepe pasó al otro lado y nos enganchó el Trotamundos para hacernos cruzar.

Al otro lado del hielo un problema que parecía tratarse de apunamiento del motor por falta de oxígeno y que hacía que el motor no funcionara al ralentí y se parara, se agravó. El motor se paró y no arrancaba más. Habiendo tenido antecedentes de este problema en el viaje al cerro Aspero en Julio, supuse que se había bloqueado la salida de combustible del tanque. En estos momentos ya la altura y el frío habían comenzado a causar efectos en Fernando, quien rápidamente se abrigó y no volvió a bajar del Jeep hasta pasadas unas horas, cuando ya habíamos bajado bastante. Me tiré bajo el Jeep, desconecté una manguera que va al filtro de combustible y empecé a soplar con toda la fuerza que podía por ella, hasta que la obstrucción cedió un poco. Volví a conectar la manguera al filtro y cuando comenzábamos a subir para alcanzar a Pepe y Horacio escuchamos por la radio que habían estaban regresando. El refugio que habían encontrado no tenía techo ni puertas y hacía demasiado frío para las carpas en esas condiciones. Ya el sol se estaba poniendo y habría que apurar la marcha.

La idea inicial era bajar hasta la bifurcación de Malimán, desviar hacia Chinguillos y dormir ahí. Pero desde Malimán a Chinguillos habían 30 km y no mucho más había en dirección contraria hasta Rodeo (tal vez unos 50 o 60 km de buen camino). Y desde Rodeo hasta la finca en Iglesia son unos 50 km más, pero ya de ruta asfaltada, así que al llegar a la bifurcación, luego de un breve intercambio de opiniones por la radio, decidimos dormir en la finca, donde podríamos darnos un buen baño para sacarnos unos kg. de tierra que cada uno de nosotros llevaba encima y comer tranquilos.

La marcha en el camino de vuelta fue mucho más rápida que a la ida. La bajada, el viento favorable y el conocimiento previo del camino, facilitaron las cosas y en poco tiempo estábamos en camino a Rodeo. En la bifurcación hubo que ajustar el borne de masa de la batería que se había aflojado con los saltos y sacudidas del camino (supuse yo en voz alta, a lo que mi navegante, algo hosco y molesto por la velocidad de la bajada respondió: "como venías, no entiendo cómo llegó andando, pobrecito"). La verdad era que nos habíamos comido un par de badenes a buena velocidad, y en la bajada habíamos simulado que el cauce seco era un  buen camino. Y las suspensiones sufrieron un castigo que dejaría sus secuelas.

Pasamos por Rodeo, compramos comida, bebidas y salimos para Iglesia. Al llegar a la finca prendimos el calefón a leña y mientras se calentaba el agua, Fernando preparó panceta dorada al sartén y Horacio y Pepe una buena picada. De todo eso dimos buena y rápida cuenta. Nos turnamos para la ducha, donde impresionaba ver caer barro de la cabeza al recibir el primer chorro de agua, y a dormir, cómodos y abrigados. Al otro día la jornada también sería larga y agotadora.

El sábado habíamos recorrido aproximadamente unos 500 km. Llevábamos 2000 en dos días y un promedio aproximado de 16 horas por día sobre los Jeep.

Al día siguiente nos levantamos más tarde y luego de desayunar y ordenar la casa partimos dispuestos a encontrar "la bajada del gendarme"; un paso por la precordillera, que un sargento de Gendarmería Nacional del puesto Las Flores nos había comentado el día anterior que existía desde la Estancia La Invernada hasta la Ciénaga, camino de San Juan. Para ello debíamos tomar una ruta provincial que baja directamente hacia el sur, pasa por Calingasta, Barreal y lleva a Uspallata en Mendoza. Unos 10 Km después de la Estancia Tocota tomamos un desvío con rumbo este, que une esa ruta con la pavimentada 436 que habíamos recorrido para llegar a Iglesia desde San Juan. Y buscando la famosa huella, nos salimos en la primera que encontramos a mano derecha.

Y ahí empezamos a jugar nuevamente. Trepamos primero un buen rato por una huella que pasaba de ser un camino hecho con máquinas a una senda de animales que se perdía en una quebrada entre dos peñascos que no se podían franquear salvo moviendo piedras. Y del otro lado nada. Y la quebrada seguía subiendo y la altura de esos cerros nos hacía sospechar que si pasábamos el obstáculo no podríamos llegar al filo. Decidimos volver (una rotura ahí hubiera sido algo complicado y Pepe ya no tenía rueda de auxilio, ya que había roto una cubierta unas horas antes (probablemente herida del día anterior). Volvimos, probamos más al sur por otras dos huellas, pero ambas se perdían. Jugamos un poco trepando unas cuestas respetables pero con piso firme, perseguimos un pobre zorrito sin hacerle más nada que darle un susto y cuando decidimos abortar la búsqueda del paso porque ya era la tarde, paramos a almorzar en medio de la nada, con un marco de paisaje imponente, a las 17 hs. Después de eso, a buscar nuevamente la ruta (de ripio) y de ahí a fondo hasta el asfalto y a San Juan. Arribamos casi de noche, preguntamos por un hotel y terminamos en un excelente Apart Hotel nuevo, bastante barato, con cocheras, buen servicio y un parque muy lindo. El primer chorro de la ducha regó la tierra en mi cabeza y el barro cayó por la rejilla.

Ya limpios fuimos caminando a comer, Pepe y FernandoT carne de cerdo (matambre y punta de espalda respectivamente a la parrilla) y Horacio y yo unas buenas aunque no abundantes pastas, acompañadas del obligado vino de San Juan. Buena charla, conclusiones del viaje y las para mí inesperadas propuestas de reiterar el intento pero más preparados, esta vez para intentar lo que nadie hizo, el acceso al Parque por la Quebrada de La Palca, ya que hemos visto que el lindero entre el Parque y el camino a la mina El Fierro es muy largo y habrá mucho para buscar el lugar indicado. Queda también pendiente la búsqueda del paso del Gendarme, que si algún día puedo intentaré hacer al revés, desde La Ciénaga, para ver dónde demonios estaba la salida al otro lado que debió ser nuestro acceso. Y una visita al Valle del Cura (previo permiso de la minera), donde nos contaron que además de bellísimos paisajes hay cabañas junto a unos baños termales naturales muy lindos.

En síntesis: no llegamos a San Guillermo, pero la pasamos muy bien, nos divertimos, conocimos lugares preciosos a los que vale la pena volver y lo hicimos, como es ya costumbre, en la mejor compañía.


Alfredo A. Córdoba - Colaborador experto de KWANG 4X4.
Septiembre 2003.
























 
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