PASEO POR EL SAHARA

Enrique tenía ganas locas de bajar al desierto y como Jota, que sigue sin coche, también tenía mono de recorrerlo, pues se juntaron en el Ayún, capital del Sahara y juntos se pusieron en camino pero en esta ocasión para un recorrido más tranquilo y corto.

Primero recorrieron el mar por la playa en busca de las piedras que le gustan a Enrique pero no encontraron nada aunque disfrutaron de un buen día de playa sin viento y con sol pero no buscaban eso y salieron de allí en dirección a su pasión, el desierto.

Abandonaron la carretera tomando la dirección de Bou Kraa para llegar a las dunas. Por la carreterilla que va a las minas casi ni te enteras de las dunas pero por donde nuestros amigos se metieron, claro que se enteraron de ellas, sin querer, ya estaban rodeados de dunas, sin saber hacia donde tirar.

El calor no era mucho pero la arena muy blanda y los atascos para intentar cruzar cordones de dunas muchos pero en marcha atrás siempre se salía.

La tarde pasó rápida en medio de la arena, hubo algún que otro descenso de las dunas de esos que al otro lado está cortado a pico y piensas que el coche se vuelca y cuando llegas a bajo que se va a clavar de morro, pero ni lo uno ni lo otro, sólo es la sensación y la subida de adrenalina y más cuando se va solo, pero intrépidamente continuaron su lento avance.

Finalmente, en un claro, dispusieron el campamento y Enrique hizo sus tradicionales huevos fritos con jamón mientras soplaba un viento endemoniado. A los dos, les merece la pena hacer miles de kms. simplemente por comer esos huevos en esos lugares, puede que mucha gente no lo comprenda o que piensen que están locos pero ellos disfrutan de esa manera como lo hacía el hombre hace miles de años viajando por las estepas que entonces no estaban inundadas por el desierto.

Por la noche pudieron escuchar algo insólito, algo de lo que habían oído hablar pero nunca lo habían podido comprobar en ningún viaje. Cuando ya estaban acostados, de repente comenzó un ruido como si llorase alguien lejos, luego el sonido aumentó y parecía que había un camión en marcha muy cerca y ambos se levantaron pensando si habría gente, les parecía imposible llevar un camión hasta allí. Mientras miraban en una dirección, el sonido del lloriqueo vino de otra pero con más fuerza, luego parecía que se reían y venía de otra dirección.

Se pusieron a andar hacia la duna más cercana y allí descubrieron a la luz de la linterna, que eran las dunas las que producían ese sonido, la arena de arriba, al caer, con el rozamiento producía ese sonido más o menos fuerte según la altura desde la que cayera la arena, algo parecido al ruido que producen las cigarras al rozar un ala contra la otra. El sonido era increíble y no les extrañó que los indígenas sientan miedo en algunos lugares y digan que hay espíritus y no quieran ir. Volvieron a sus tiendas más tranquilos.

Al día siguiente más de lo mismo, arena y dunas, viento y atascos pero disfrutando a tope y casi todo el tiempo con las presiones bajadas. Vieron lugares realmente preciosos, explanadas brillantes en el medio de las dunas, dunas de color oro rodeadas por otras blancas.

La reductora del coche echaba humo y la cámara fotográfica de Jota también. Disfrutaron mucho todo el día pero a media tarde vieron la salida de las dunas y llegaron a una pista que iba bordeando las dunas de barkanes (dunas en forma de croisant) y al llegar a una zona con acacias, pararon allí para montar el campamento. Recogieron un montón de leña e hicieron un buen fuego y por la mañana, todavía había brasas y como hacía fresco, reavivaron el fuego.

La pista era buena, se circulaba siguiendo una pista del Dakar y así llegaron a Birn Anzarán. Continuaron por un camino poco usado que conoce poca gente y que lleva a las blancas dunas de Sbeyta pero al llegar a ellas las bordearon ¿Para que complicarse sin necesidad? El camino les llevó hasta las montañas del Aguerguer que cruzaron por un bello paso donde pararon para hacer más fotos y encontraron pequeños caracoles fosilizados.

A la salida del paso tuvieron algún que otro despiste pero dieron con la pista que sin problemas les llevó hasta el km 40, que así llaman en Dakhla al cruce de carreteras para el Ayún, Mauritania y Dakhla y que es donde está el control de la gendarmerie.

Por carretera llegaron a Dakhla, un te, recuerdos de los momentos más emocionantes del viaje, de los “gritos” de las dunas y la promesa de un siguiente viaje lo antes posible.


Si alguien está interesado en un viaje similar, puede contactar en jota @ atarexpeditions.com


Texto y fotos: Jose Javier Lanzarot (Jota) - Colaborador experto de KWANG 4X4.
Junio 2007.


































































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