VIAJE A MALI
Salieron de Dakhla con algo de retraso y llegaron a la aduana de Marruecos cuando estaba cerrada pero gracias a que dijeron que el padre de Hanna es policía, les dejaron pasar y dentro encontraron a viejos amigos que les hicieron los papeles muy rápido y en muy poco rato la pasaron pero al otro lado, en la aduana mauritana cuando vieron que no llevaban alcohol (que es lo que últimamente buscan más por aburrimiento que por otra cosa) les pusieron la traba de que no se puede pasar más de veinte litros de combustible extra por vehículo, llevando 60 l. cada coche y gracias a un individuo que conocía a Jota, al final los dejaron pasar y en la policía Artouro ya esperaba a todo el grupo.
Una vez hecha toda la burocracia se fueron a cenar a casa de él donde se quedaron a dormir o mejor dicho intentarlo ya que el concierto de ronquidos fue bueno.
Al día siguiente hasta la capital mauritana por carretera aunque casi cien kms antes de llegar, decidieron ir al mar a acampar que estaba muy cerca pero al llegar a la playa la encontraron con la marea alta por lo que los dos vehículos mientras buscaban un lugar para poder parar sin que les llegara el agua y no hubiera tanta arena se quedaron atascados en la ella a la par que un enfurecido viento que levantaba grandes olas en el océano, levantaba los finos granos de la arena de la playa a los que afanosamente se esforzaban en cavar para sacar los coches.
Para ser la primera quedada, lo hicieron todos muy bien pero no pudieron acampar ahí porque con ese viento era incomodísimo por la cantidad de polvo y arena que llevaba de un lado a otro, así que buscaron un sitio más resguardado donde montaron el campamento con bastante frío.
Una vez en marcha otra vez en el nuevo día, sin problemas llegaron a la capital para dirigirse rápidamente a la embajada de Mali y sacar los visados para todos pero a Hanna por ser marroquí, no le hizo falta.
Mientras terminaban de hacer los visados, dieron una vuelta y al regreso se empezó a arremolinar gente gritando, llegó la policía antidisturbios y en la embajada les informaron que había habido un golpe de estado por la mañana.
Al intentar salir de la ciudad, encontraron muchos puestos de soldados con coches armados con ametralladoras hasta que un vehículo de una persona muy simpática les aconsejó que salieran de la zona donde se encontraban y al responder que es lo que querían pero estaban un poco desorientados y que querían salir de la ciudad, les dijo que les siguieran y los llevó hasta un lugar desde el que era fácil salir y vieron que era un policía secreta el que les guió.
En la salida de la ciudad había muchos soldados fuertemente armados con tanquetas que les dijeron que no se preocuparan de nada que no había problemas y que el todo el país era seguro.
Pararon a dormir en una bonita explanada llena de hierba pero hizo un calor increíble y tanto Enric como Jota prefirieron dormir fuera pero a media noche cayó una tormenta increíble con truenos tremendos que los mojó.
Tras la tormenta vino la calma que se celebró con un buen desayuno y nuevamente a la carretera para.
Durante casi todo el viaje estuvo lloviendo sin parar y en muchos sitios la carretera estaba cortada por el agua pero con los todo terreno pasaban valientemente.
Ya de noche dejó de llover y buscaron entonces un lugar que estuviera seco para dormir teniendo la suerte de parar en una zona arenosa que había chupado el agua y tras un tentempié a dormir.
El paisaje siempre era verde y lleno de ganado dando la sensación de que estaban en España y no en el desierto.
El paisaje desde la carretera hasta la capital fue de un desierto desolado pero una vez superadas las bonitas dunas blancas que hay más allá de Nouakchott, el paisaje cambió por completo y el verde se fue apoderando de las grandes extensiones que se abrían a ambos lados de la carretera, parecían campos de fútbol llenos de vacas, ovejas y camellos.
A la zona comprendida entre el Sahara y la sabana, se le llama Sahel y se diferencia por tener más lluvias y vegetación, pero ahora las lluvias eran continuas y la vegetación era más propia de un auténtico vergel que del Sahel.
La sensación para el viajero es que estaba en España y no en el Sahara sino era por las haymas que bordeaban continuamente el caluroso asfalto.
Más carretera otra vez, Nema, el destino donde se dejará la carretera y se internarán por el desierto está a más de 1000 kms de Nouakchott, la capital.
En todos los poblados, pequeños o grandes hay controles y les piden el pasaporte, la ficha y el cadeau (un regalo por el morro) por ese orden pero en uno de ellos, el oficial se da cuenta que a Francisco le falta el sello del papel de la importación temporal y el sello del coche puesto en el pasaporte.
Les dice que es un problema grande y mientras vemos la forma de solucionarlo, Hanna hace un rico te al modo saharaui.
El oficial informa que su superior le ha dicho que deben volver a Nouadhibou a poner el sello pero que él lo iba a intentar arreglar.
Como el tiempo pasaba, hicieron la comida dentro de la comisaría y cuando se iban todos a poner a comer, el oficial les dice que todo se podía arreglar por 90 €, a lo que le dijeron que después de comer se hablaría y que no les importaba no pagar nada y regresar sin ir a Mali.
Al final todo quedó arreglado por 50 € pero con el retraso llegaron a Nema de noche y tras un periplo por la ciudad buscando alojamiento, lo encontraron en un motel un tanto guarripé pero que tenía aire acondicionado y agua caliente.
Al día siguiente vieron que el hotel que buscaban estaba cerrado.
Por la mañana no había luz en la ciudad y las gasolineras no funcionaban por lo que tuvieron que esperar toda la mañana para poder repostar y para ganar tiempo fueron a la policía para que les sellaran la salida del país y luego regresaron al motel a esperar.
Mientras estaban allí, llegó un tipo que resultó ser un comandante de la gendarmerie y les recomendó encarecidamente que no hicieran el recorrido que tenían pensado porque dijo que era peligroso por los bandidos, etc, así que decidieron cambiar el recorrido y bajar por otro lado que, sin ser tan peligroso, tenía la desventaja de estar en la zona de las lluvias y barrizales.
Por fin se pusieron en marcha cuando más calor hacía y tras buscar la pista se encaminaron a la aventura.
Todo estaba verde, de un verde claro que te hacía darte cuenta de porque Heminway puso a uno de sus libros de África el título de “las verdes colinas de África”, este verde tan brillante e intenso no se ve en otros lugares más que en África.
La abundancia del agua en esta estación rellenaba con acacias de estampa africana, grandes explanadas de hierba verde y en otras había arbustos que las ovejas y cabras comían muy a gusto.
Este esplendor hacía olvidar a las gentes autóctonas la dura estación seca y la abundancia de pasto era ilimitada por no haber cultivos de ninguna clase.
Se veían montones de pájaros, los bellos abejarucos apenas llamaban la atención entre las aves de colores azul metálico o verde metálico, también había pequeños pajaritos con una cola tres veces su cuerpo u otros de pico curvado.
Durante todo el trayecto se pudieron ver muchas águilas, la mayoría de las veces en el suelo, pero en una zona, cuando el día estaba dando paso a la noche, pudieron contar más de trescientas, algo increíble y un poco más lejos llegaron a un poblado donde pidieron hospitalidad y durmieron allí.
Les pusieron una casita a su disposición pero tres de ellos prefirieron dormir al aire libre en unas alfombras que situaron al lado de la casa.
La cena consistió en una pasta muy calórica pero un tanto sosa que no fue del gusto de los viajeros pero tanto Enric como Jota la comieron para no parecer unos maleducados dejando todo en el plato...
En breve, otra parte de este interesante viaje...
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Texto y fotos: Jose Javier Lanzarot (Jota) - Colaborador experto de KWANG 4X4.
Septiembre 2008.