VIAJE AL DESIERTO
No hace mucho unos buenos amigos, aprovechando un pequeño viaje por Marruecos, vinieron hasta Dakhla para vernos y de paso, hacer snowboard en alguna duna.
Tras una buena cena de arroz con camello, regado con un excelente vino para celebrar su llegada, al día siguiente nos pusimos en marcha pero primero tuvimos que acercarnos a un taller ya que el coche de ellos se había quedado sin tracción a las cuatro ruedas y no era nada conveniente viajar así por el desierto.
El caso es que perdimos casi todo el día y cuando por fin comenzamos el viaje, ya casi era de noche.
La primera parada fue la duna blanca para que se deslizara por su blanca arena pero ya prácticamente el sol se había puesto hace rato y la poca luz se había ido pero aún así se tiró varias veces y lo que realmente cansaba era tener que subir toda la duna cada vez.
A pesar de no poder ver nada cuando se tiraba, lo hizo muy bien y nos dejó asombrados.
Luego montamos el campamento allí y a cenar. Por la noche llovió e hizo mucho viento y por la mañana el día estaba frío y nublado.
Llenamos los depósitos en la gasolinera y también los jerrys que llevaba yo arriba para tener de sobra para los dos coches y no andar justos ya que pensábamos circular por unas dunas.
Hicimos el tramo de carretera para llegar al desvío al desierto y todo cambió allí, primero pasamos las montañas del Aguerguer, preciosas con alguna subida y bajada, después hizo su aparición el rififi, un fuerte viento que suele soplar a nivel del suelo.
El paisaje era precioso, el viento envolvía los coches y no dejaba ver los relieves del terreno, no sabías si algo que veías estaba lejos o cerca pues el viento con el polvo que levantaba difuminaba los relieves.
La arena golpeaba las ventanas de los lados por donde venía el viento ya que muchas veces venía lateral, podías ver como serpientes de polvo arrastrándose por el suelo a gran velocidad, era imposible bajarse del coche.
Mi gps con una mala conexión se apagaba continuamente, así que lo dejamos apagado ya que simplemente había que seguir las balizas e íbamos detrás del otro vehículo que si llevaba dicho aparatito mágico, el caso es que de repente me di cuenta que no se veían las balizas de arena ni de lejos, así que encendí el gps y nos dimos cuenta que estábamos a 8 kms de la pista por lo que nos hicimos un cascaporro que resultó precioso y luego continuamos.
Por supuesto para comer no pudimos bajarnos de los coches.
Por la tarde, cuando faltaba poco para que el sol se pusiera, llegamos a los primeros barkanes, dunas que se mueven y tienen forma de croiasant y allí paramos para que con su tabla, se subiera a la más alta y lo era mucho.
Yo no me hubiera tirado ni de broma, pero él, con gran valor, se subió arriba y sin pensarlo dos veces se tiró por la empinada pared de la duna.
Lo hizo de maravilla.
Nos dimos cuenta que no faltaba mucho para que llegara la noche, por lo que decidimos que atravesar la zona de dunas no era una buena idea y nos dirigimos al camino por el cual salimos de ellas y llegamos ya anochecido a la carretera que va desde Bou Kraa a la carretera del Ayún.
Allí nos despedimos pues nosotros nos quedábamos a dormir en el desierto, con una noche estrellada preciosa y ellos decidieron, como estábamos muy cerca, ir a un hotel del Ayún.
Le quise pasar su combustible pero no quisieron por el rollo de trasvasarlo, así que cogieron la carretera y se fueron.
Nosotros pasamos una buena noche sin viento aunque se veían rayos a lo lejos.
El otro coche se puso en marcha y en breve llegó al tramo por el que la carreterilla cruza las dunas y se lo encontraron cubierto por ellas y todo lleno de arena.
En vez de pararse y acampar allí, con las ganas de hotel que tenían, intentaron pasar, se atascaron, sin ver nada de nada, consiguieron tras mucho trabajo desatascar el coche, estuvieron dando vueltas para esquivar la arena y se les encendió la reserva, no sabían ya hacia donde tirar y en eso apareció un coche de unos saharauies que les acompañaron por si no llegaban a la gasolinera y entonces rajaron una rueda, el caso es que nos despedimos a las siete de la tarde y llegaron al hotel a la una de la madrugada.
Pero que serían los viajes si no se tuviera nada que contar ¿Eh?
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Texto y fotos: Jose Javier Lanzarot (Jota) - Colaborador experto de KWANG 4X4.
Octubre 2008.