LA AVENTURA DE UN CANARIO EN MAURITANIA

Una de cal y otra de arena.
Y nunca mejor dicho, porque arena no le faltó en ningún momento.
Quizá incluso le sobró en alguna ocasión.
Y es que ese podría ser el titular de la crónica de la aventura que vivió el grancanario Carmelo Navarro con la única compañía de su todo terreno, durante 20 días, en tierras de Mauritania. «Me decidí por este país, porque ya lo conocía de mis otros viajes, pero siempre había estado de pasada.
Esta vez quise profundizar en esa tierra.
Además, como conductor, me atraía adentrarme en pistas que nunca había hecho, en las que puedes estar cinco o diez días atravesando el desierto en solitario.
Además, uno de mis objetivos era ver a los últimos cocodrilos que quedan en el Sáhara y, aunque he de confesar que iba escéptico porque creía que eran una leyenda, conseguí verlos e incluso fotografiarlos. Fue muy emocionante».
Sin embargo, la primera sorpresa agradable para Carlos fue comprobar que, tras el golpe de Estado en el país, las cosas han cambiado bastante de cara a los visitantes. «Te das cuenta nada más llegar.
Ya no te registran hasta debajo de la lengua, como ocurría antes. Ahora el trato es mucho más civilizado.
En el camino no tienes que parar cada dos kilómetros por un control. Se intenta cuidar al turista y se palpa la satisfacción general de la gente que espera seguir viendo más cambios».
Esa fue la primera alegría de Carmelo. Pero el viaje que se prometía feliz y seguro se convirtió en el más duro de todos los que ha realizado en los más de diez años que lleva recorriendo África.
En esta ocasión, la ruta discurrió entre Nouadhibou, Choun, Chinguetti, Tidjikdja, Kiffa, Kaedi, Rosso, Nouakchott y de vuelta a Nouadhibou.
«Pero la climatología no me ayudó.
Es más, me fue adversa durante la mayor parte del trayecto», recuerda.
«Yo viajaba solo y la arena estaba muy blanda en casi toda la ruta, por lo que fue muy difícil circular. De hecho, el vehículo se quedó enterrado en superficies planas en varias ocasiones.
Además, hubo muchas tormentas de arena y las pistas estaban completamente tapadas, por lo que tuve grandes dificultades para orientarme».
Pese a todo, Carmelo sólo tuvo un temor: que le fallara la mecánica.
«Hay que aprender por dónde y cómo vas en cada momento, porque África no perdona y no puedes quedarte sin gasoil y sin agua. Lo más importante es ir siempre sobre seguro».

Pero a pesar de todas las dificultades, los buenos momentos ocupan muchas más páginas en el cuaderno de bitácora de este viaje. Y sobre todo, en los capítulos en los que Carlos se refiere a la belleza de aquellos paisajes llenos de contrastes y a las personas que ha encontrado en su camino.

«Allí la gente te sorprende a cada paso que das. No tienen nada, pero te lo dan todo. En cada ruta hago nuevos amigos que respetan la ley no escrita del desierto que les hace ser corteses y generosos con el viajero. Son fieles para siempre».


Carmelo Navarro - www.fotoadventur.com
Junio 2009.



     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

 


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