En Agosto de 1999 iniciamos nuestro segundo viaje a Marruecos, pero esta vez con nuestro propio 4x4, un Land Rover Discovery, en este viaje nos acompañaron Javi y Silvia con su Mitsubishi. Partimos de Terrassa el Sábado 31 de Julio y nos dirigimos, parando solo para comer y para poner gasoil, a Algeciras donde llegamos sobre las dos de la madrugada, una vez allí nos pusimos a la cola para coger el ferry a Tánger, donde llegamos sobre las seis de la madrugada totalmente agotados y muertos de sueño.
Una vez superados los trámites de pasaportes en el propio barco y los de los vehículos en tierra salimos por carretera hasta Chefchaouen, solo queríamos encontrar un hotel y echarnos a dormir lo antes posible. Fuimos al Hotel Parador, situado al lado de la plaza central de la medina, pues nosotros ya nos habíamos alojado en él en otro viaje, pero nos dijeron que no podíamos ocupar las habitaciones hasta pasadas las doce del mediodía. Sin pensar siquiera en buscar otros hoteles aceptamos, dejamos los coches aparcados allí mismo y salimos dispuestos a dar un paseo y desayunar para hacer tiempo.
En la misma puerta del hotel encontramos a Mohamed, el mismo guía que nos enseño la medina en nuestro viaje anterior y fuimos con él a recorrerla otra vez, pues Javi y Silvia era la primera vez que venían a Marruecos.
Recorrimos las estrechas y empinadas callejuelas blanquiazules, escuchando las explicaciones de Mohamed referentes a la cultura y tradiciones de su país. Como era de esperar nos llevó a algunas tiendas de artesanía donde él tiene comisión y acabamos tanto Javi y Silvia como nosotros dos comprando bellas alfombras beréberes e incluso unas mantas de lana.
Después de comer unos bocadillos nos dirigimos al hotel donde nos acostamos y ya no nos levantamos hasta pasadas las ocho de la tarde. Entonces ya recuperados salimos para disfrutar del ambiente nocturno de la medina y después de pasear por los callejones ahora repletos de gente y de tiendas abiertas con mercancías expuestas por todos los rincones cenamos estupendamente en la terraza de uno de los cafetines de la plaza, donde comimos una estupenda harira, sopa marroquí, y unas brochettes con frites, evidentemente no pudo faltar el delicioso te a la menta de postre.
A la mañana siguiente nos levantamos sin prisas y continuamos nuestro viaje hacia el sur, queríamos cruzar el Atlas y llegar hasta el desierto. Después de un corto trayecto por carretera tomamos pista hacia Ain Leuh, nos adentramos en los fabulosos bosques de cedros del Medio-Atlas, donde continuamente aparecían traviesos monos a nuestro alrededor, paramos allí mismo para comer y continuamos por polvorientas pistas hasta que empezó a anochecer.
No sabíamos donde parar a dormir, pues el terreno que nos rodeaba era muy abrupto y pedregoso, sin posibilidad alguna de montar las tiendas. Cuando ya era casi de noche llegamos a un pequeño terreno donde vivía una familia berebere y después de pedir permiso y regalarles algo de ropa nos dejaron dormir en sus tierras. Rápidamente montamos las tiendas, bajo la mirada asombrada de los más jóvenes de la familia, cenamos y nos acostamos, ya estábamos a bastante altura y hacía bastante fresco, justo delante teníamos Zaouia d' Ifrane, pero debido a la sequía las montañas estaban secas y no bajaba ni gota de agua.
Después de desayunar desmontamos el campamento, recorrimos las pocas calles de Zaouia d' Ifrane y continuamos por estrechas y empinadas pistas de montaña hacia el Alto-Atlas.
Paramos en una llanura al ver tres haimas a lo lejos y unos chiquillos que nos saludaban. Al ver que nos deteníamos vinieron corriendo hacia nosotros, repartimos ropa, cuadernos, bolígrafos y caramelos entre los más pequeños y más ropa y algunos medicamentos a los adultos, explicando por símbolos para que servían y como tomarlos. Como agradecimiento el jefe de cada familia insistía para que visitáramos su haima y nos tomáramos un te con ellos, fuimos con uno de ellos, nos invitaron a te pudiendo disfrutar del ritual de su preparación y ya empezaban a preparar la comida para nosotros cuando les dijimos que lamentábamos no poder quedarnos pues debíamos seguir nuestro camino, otro de los jefes de familia vino y nos regaló un tarro de leche de oveja recién ordeñada como agradecimiento, así nos despedimos de todos y nos pusimos de nuevo en ruta.
Según dejamos las familias de nómadas beréberes nos metimos en una pista pedregal de paso complicado, donde fue necesario apartar alguna que otra piedra y pasar muy despacio siguiendo las indicaciones del que guiaba, después de unos kilómetros de pistas complicadas y donde era difícil orientarse retomamos pistas buenas y carreteritas de montaña y llegamos a los manantiales de Oum-er-bia.
Allí en el manantial pasamos una noche en nuestro primer viaje, aparcamos los coches y fuimos a saludar a Mohamed, que se encontraba en las cabañitas con techo de paja que están a la misma orilla del río, allí tomamos un te con él y tras despedirnos de toda la familia continuamos cruzando el Atlas, aún nos quedaba un largo trayecto por delante.
Paramos a ver el Lago Aguelman Azezga (1.512 m.), muy seco debido a la falta de lluvias y fuimos serpenteando por carreteritas de montaña hasta llegar a Kashba Todla.
Como ya era media tarde decidimos parar allí mismo en un camping que vimos al lado de la carretera, no se trataba de un camping turístico sino de un camping donde veraneaban los propios marroquíes. Solo entrar un chico joven, Hatati Ahmed, nos acompaño al único rincón que quedaba libre, nos dijo el precio que debíamos pagar para acampar, que nos pareció ridículo de tan barato y nos comentó que mejor que no fuéramos a los lavabos sino al bosquecillo que teníamos allí al lado. Montamos las tiendas y cuando acabamos de sacar las mesas y sillas vino el chico de antes con un amigo y una mujer anciana tremendamente sucia y maloliente que nos ofreció un te y pan como bienvenida, fue difícil comer aquel pan ofrecido por aquella viejecita con manos y uñas llenas de porquería y beber todos del mismo vaso, pero no nos pudimos negar a su hospitalidad pues les hubiéramos ofendido, y a fin de cuentas todo estaba bastante rico.
Cenamos algo de nuestra despensa particular mientras veíamos un trafico continuo de hombres y mujeres que pasaban al lado de nuestras tiendas con su indispensable botella de agua para ir a hacer sus necesidades al bosquecillo de enfrente, hasta que ya cansados nos acostamos sin más. De repente, serían las cuatro o las cinco de la madrugada, nos despertamos asustados al oír unos fuertes gritos, nos asomamos para ver que se trataba y aún estamos riendo ahora, pues en medio del camping habían puesto una gran alfombra y todo el personal masculino estaba allí arrodillado rezando. Muertos de risa intentamos dormir algo lo que quedaba de noche.
Después de "visitar" el bosquecillo y recoger el campamento continuamos ruta cruzando algunos pequeños pueblos como Aghbala y Tounfite, donde cada vez un montón de niños salian a nuestro encuentro pidiendo bon-bon, cadeau y de todo, si parábamos el coche en unos pocos segundos estábamos rodeados y no paraba de asomarse gente por la ventana a curiosear.
En uno de los pequeños pueblos que atravesamos se nos ocurrió parar, pues parecía un lugar tranquilo, pero resulto ser que el edificio que teníamos delante era la escuela, con lo cual no tardo nada en abrirse la puerta y un montón de niños salieron a nuestro encuentro, aquí repartimos la mayoría de lápices y bolígrafos que llevábamos.
Continuamos subiendo y bajando montañas, algunos puertos tenían casi 3.000 metros de altura, los paisajes eran espectaculares, la vegetación era cada vez mas escasa, tierras en tonos ocres, violetas y rojizos, todo era precioso.
En un punto nos encontramos con un aparatoso derrumbe que había dejado la pista intransitable durante varios metros, pero ya estaban allí los obreros abriendo paso y aquel mismo día se pudo restablecer la circulación, con lo cual tuvimos mucha suerte y aunque muy despacio y con cuidado conseguimos superar la zona.
Pasamos por Anegfou, bonito pueblo con sembrados alrededor, Tirhist y Tilmit, en este último pueblo decenas y decenas de niños asfixiantes se nos lanzaron encima de los coches pidiendo regalos, algunos de ellos se situaban en puntos estratégicos, al lado de fuertes baches, donde era necesario frenar y circular despacio y así podían colgarse de la ventana y pedir, si pasábamos sin parar ni darles nada corríamos el peligro de atropellar a alguno y de que nos lanzaran piedras contra los vehículos, como pudimos cruzamos Tilmit y casi de noche emprendimos las ultimas pistas hasta Imilchil y los lagos.
Llegamos a los lagos de Imilchil con las ultimas luces del día, por fin después de dos días agotadores de pista pudimos ducharnos con agua caliente en el albergue, allí mismo cenamos un cous-cous y nos fuimos a dormir en la gran haima enfrente del lago, allí realmente hacia frío y la humedad era elevad. Fue allí en el albergue donde nos encontramos con Mohamed, otro guía que también conocimos en nuestro primer viaje, estuvimos charlando con él y le comentamos nuestros planes de viaje, al saber que íbamos hasta Merzouga nos dijo que su hermano podía hacernos de guía para realizar alguna ruta por pleno desierto, así fue que acordamos que nos encontraríamos en Erfoud con su hermano Mustafá.
Al día siguiente dimos una vuelta al lago y continuamos por pista pasando por otros puertos de montaña de 3.000 metros, las vistas eran espectaculares, al fondo se divisaban pequeños pueblos y el verde de los pequeños oasis destacaba agradablemente entre tanta aridez, pasamos por estrechas pistas colgadas de la ladera de la montaña viendo enfrente unos impresionantes cañones naturales.
Cruzamos las Gargantas del Dades y luego las del Todra, ya cansados paramos en el albergue de Moha, en Tamtattouche. Allí nos instalamos debajo de una haima y ya no nos movimos, comimos, cenamos, dormimos y desayunamos en el mismo sitio sin movernos para nada. Moha estuvo con nosotros todo el día y nos lo pasamos en grande, tocó los tambores y cantó para nosotros, a Silvia y Àngels les pintó las manos con henna e incluso nos enseñó a rezar a Alá.
Después de este paréntesis de descanso y diversión continuamos por pista cruzando las Gargantas de Amelago y ya en el último tramo cogimos carretera hasta llegar a Erfoud, solo llegar paramos a poner gasoil en la gasolinera que hay a la entrada del pueblo y fuimos abordados tanto por niños como por adultos, algunos querían regalos, otros nos querían vender camellitos de paja, otros se ofrecían como guías, el agobio era absoluto, huimos de allí lo antes posible y fuimos a la busca de Mustafa, que ya nos estaba esperando en el sitio acordado.
Antes de continuar hacia los albergues de Merzouga, Mustafa nos llevó a casa de su familia en Erfoud, donde nos invitaron al tradicional te y conocimos al resto de su gran familia, después fuimos a comprar che-che (turbantes) para todos y partimos hacia los albergues disfrutando de las pistas rápidas del desierto de piedra y de una magnífica puesta de sol.
Nos alojamos en el albergue Yasmina, solo llegar nos fuimos a dar una ducha, la sorpresa fue que en el rincón de la ducha había una pareja de enormes sapos y tuvimos que compartir el baño con ellos... y al salir de las duchas una sorpresa más, en pleno mes de Agosto y en medio del desierto estaba lloviendo!!!, nos cayó un buen chaparrón que apenas duró 5 minutos, aún así hacia tanto calor que metimos el equipaje en una habitación y dormimos en el tejado del albergue con colchonetas, disfrutando de aquel inmenso cielo estrellado africano, aunque hacía bastante viento.
A la mañana siguiente nos fuimos con Mustafá de ruta, dimos la vuelta a la gran duna disfrutando del paisaje y de la conducción, vimos camellos, acacias y alguna pequeña haima a lo lejos, fuimos hasta una de ellas y estuvimos tomando el te con una familia nómada del desierto que nos acogió amablemente. Pasamos por una especie de fuerte en ruinas donde tenía que haber un control y como no salió nadie a nuestro encuentro, y eso que pasamos muy despacio y prestando atención, continuamos, pero a Javi y Silvia que venían detrás si que les paró un militar que apareció de repente. Viendo que pasaba el tiempo y no aparecían dimos la vuelta y los encontramos allí detenidos con el militar, que lo único que quería era tomar nuestros datos y los de los coches por precaución, pues estábamos muy cerca de Argelia, a unos 20 kilómetros en línea recta.
Salvado aquel pequeño percance continuamos hasta llegar a un pozo, ya era mediodía, el sol caía en vertical y el termómetro del coche marcaba 52 grados, sin pensarlo dos veces empezamos a sacar cubos de agua y nos los tiramos por encima.
Antes de volver al albergue paramos en Merzouga a tomar unos refrescos, allí vimos a algunos marroquíes que estaban enterrados hasta el cuello en la arena y con una manta tapándoles la cabeza, nos contó Mustafa que era una cura contra el reuma y que mucha gente de todo el país viaja hasta Merzouga para hacer este peculiar tratamiento.
Llegamos al albergue a la hora de comer, aunque allí solo se sirven comidas por la noche, nos encerramos en la habitación y con el camping-gas preparamos unos macarrones con salsa de tomate, luego dedicamos la tarde a reposar, pues el calor era tan asfixiante que no podías ni moverte.
Al atardecer nos fuimos en camello hacia el oasis, el viaje fue realmente cansado, pues mantener el equilibrio sobre semejantes bichos con el sube y baja de las enormes dunas requiere gran esfuerzo físico, y por si fuera poco el camello de Àngels se cayó en la cresta de una duna, con lo cual tanto ella como el camello cayeron rodando por la duna, por suerte cada uno por una ladera distinta.
Sin más incidentes llegamos al oasis donde cenamos un tajine y sandía de postres. Pasamos la noche en medio del desierto durmiendo en el suelo con colchonetas, aunque justo antes de acostarnos oímos unos chillidos de otros chicos que también pasaban allí la noche, Javi se acercó a ver de que se trataba: había unas enormes arañas blancas y peludas paseando por el suelo de la haima. Como consecuencia de ello Javi y Silvia no pegaron ojo en toda la noche, incluso intentaron alguna acrobacia durmiendo de pie y abrazados el uno con el otro para no caerse, mientras que nosotros dos caímos rendidos y dormimos a pierna suelta toda la noche... quizás hubiera sido mejor no ver las arañas!!!.
Nos despertamos, los que dormimos, muy temprano y vimos salir el sol entre las dunas, luego vino el tortuoso camino de vuelta, la experiencia había sido tan mala que Jordi decidió hacer el camino de vuelta andando, cansados y con agujetas llegamos sin más al albergue justo a la hora de desayunar las deliciosas tostadas con mantequilla y mermelada que allí nos ofrecían.
Dejamos el albergue y Merzouga parta continuar el viaje, ahora ya de vuelta, hacia el norte, pasamos por Ouarzazate y de allí nos dirigimos a Marrakech atravesando un increíble e interminable puerto de montaña. Llegamos a Marrakech y hasta después de tres o cuatro intentos fallidos no encontramos hotel, al fin dimos con un estupendo hotel con parking vigilado para los coches y lo primero que hicimos fue bañarnos en la piscina, pues llegamos cansados y asfixiados.
Ya más relajados cogimos un taxi y nos fuimos a Djema al Fna, cenamos en un restaurante cercano, subimos a una terraza con vistas a la plaza a tomarnos un te a la menta y nos acostamos pronto pues estábamos agotados.
El día siguiente lo dedicamos a pasear por Marrakech, empezamos tomando unos zumos de naranja en uno de los muchos carretones de vendedores que hay en la plaza.
Estuvimos zoqueando por toda la medina, vimos el zoco de las babuchas, el de los curtidores, el de madera, el de los orfebres, el de los alimentos, etc...
Nos metimos en una farmacia y nos explicaron la utilidad de algunas de sus hierbas mágicas, olimos perfumes, esencias y multitud de especies e incluso probamos un remedio infalible contra el dolor de cabeza.
Comimos en un cafetín, paseamos y paseamos, vimos el cambio de ambiente que sufre la plaza a lo largo del día y cenamos en los mismos chiringuitos de la plaza. Aprovechamos al máximo este día y a la mañana siguiente continuamos por carretera hasta Tánger donde cogimos el ferry de vuelta a España, teniendo muy claro que volveríamos.